Creer de otra forma

 

*Por Rubén Nava Martín del Campo fms

¿Es posible seguir manteniendo un discurso dogmático, que ya no encuentra su fundamento en ninguna fuente sostenible, un discurso des-enraizado de la realidad? ¿Es posible seguir creyendo en lo que se nos dice, desde una postura crítica y racional?

Preguntas como estas surgen de la curiosidad de los jóvenes, de sus ganas de seguir encontrando la verdad en su vida. Y más que eso es precisamente la sed de un referente espiritual que alimente sus vidas, en medio de “la crisis” con todas las características, bien conocidas de la posmodernidad: la cultura del nihilismo que rinde culto a lo momentáneo, a lo placentero, a lo objetivo y que desprecia la subjetividad del ser, la búsqueda de trascendencia y el valor más allá de lo corpóreo.

Es entonces que surge la necesidad de creer de otra forma. Creer para mantener viva la esperanza en Jesús de Nazaret, como realidad humana que marca un vínculo indestructible, entre lo divino y lo humano. Más allá de las creencias y los dogmas que en algdescarga (2)ún momento funcionaron como fundamento para mantener el poder dentro de la iglesia institución. Más allá de ello, se encuentra el gusto por estar de frente a la fuerza creadora y liberadora que nos lanza al encuentro con el otro, una  actitud contemplativa que constantemente nos insta a seguir descubriendo el rostro divino en lo profano (fuera del Templo), porque bien sabemos que a Dios se le encuentra en la esquina de la calle o en un bello atardecer, en la periferia de las grandes ciudades o en los cruceros en medio del tráfico asfixiante de las avenidas.

Esta nueva forma de creer nos invita a hacer a un lado el instinto que pretende someter al otro a las propias creencias en el afán de “conversión” Como señala el Card. Martini, <<La misma palabra “conversión”  suscita y levanta –en determinados contextos- unas murallas que no se pueden saltar. Más bien, deberíamos “ser los unos para los otros” como el fermento, de modo que cada uno sea llevado a conseguir más profundamente la propia autenticidad, la propia verdad ante el misterio de Dios.>>

Insistir en permanecer atados a las muchas creencias y dogmas, sería una postura anacrónica que solo pretender embellecer los sepulcros donde yace la iglesia triunfalista del s. XIII. Porque no podemos sentirnos seducidos por el “buen olor del Evangelio” y al mismo tiempo condenar al diferente, al que siente distinto, al que cree diferente de lo que se tiene como propio. No se puede pretender fundamentar desde la Palabra de Dios, cualquier tipo de discriminación, ya sea por las preferencias sexuales o por el color de la piel, o incluso por el mismo género, no se puede seguir creyendo en la elección divina de un Pueblo y el desprecio del resto. Como bien apunta el Obispo emérito de de Newark NJ, EEUU, Jhon Shelby Spong, en su libro, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo:

El cristianismo postula un Dios teísta, que hace cosas sobrenaturales, muchas de las cuales son consideradas inmorales para nuestras normas actuales. Este Dios, por ejemplo, es descrito en las Escrituras castigando a los egipcios con una plaga tras otra, una de las cuales
incluía el asesinato del primogénito de cada familia egipcia, en una campaña divina para liberar de la esclavitud al pueblo elegido (Ex 7,10). Después ese Dios abrió el Mar Rojo para permitir la huida de los hebreos de su vida de esclavitud, y lo cerró justo a tiempo para ahogar al ejército de los egipcios (Ex 14). ¿Es esa la obra de un Dios moral? ¿Esos actos no reflejan un Dios que los egipcios jamás podrían adorar? ¿Podría cualquiera de nosotros? ¿Queremos creer en tal deidad?

Si no es, entonces este, el sustento de nuestra fe y la inspiración de nuestra vida, hacia dónde apunta una nueva forma de creer que implica la contemplación de lo distinto como reflejo de Dios mismo, porque no hay religión, imagen, dogma, estructura… que lo pueda contener. Creer de frente a la increencia representa un desafío que no pretende, como ya señalaba anteriormente, la conversión del no creyente, por el contrario, este fenómeno antropológico y social, nos presenta la oportunidad de construir puentes, a partir del principio de la dialogicidad, que nos acerquen un poco a más al ideal de paz y justicia para una nueva forma de ser humanos, hermanos.

Es la eterna novedad del Profeta de Nazaret, es que el Reino de Dios está llegando, y no es precisamente el colocar a la persona de Jesús como absoluto fundamental para el acceso a Dios, tal cosa nos instalaría en la misma postura de los primeros evangelizadores en América Latina, en la imposición del un Dios ajeno que resulta incomprensible. Las palabras de Jesús superan incluso a su propia persona, porque los ideales que persigue son universales: rechazo a la ambición, moderación del deseo de ganar, coherencia entre nuestro modo de actuar, sinceridad, alegría, compasión. Es imposible rechazar sus palabras y al mismo tiempo pretender ser humanos, o ser personas.

Es tiempo entonces de creer de forma distinta, una forma de creer que nos coloque a lado y no por encima del otro.

*HermanRubéno marista, educador, estudiante de la licenciatura en Educación y desarrollo Institucional en la Universidad Marista de Guadalajara y Ciencias de la Religión en la Universidad del Valle de Atemajac. Ha trabajado en escuelas secundarias y preparatorias maristas en el área de formación humana y cristiana y  en comunidades indígenas en la sierra tarahumara. Es seguidor de algunos movimientos sociales en defensa de derechos humanos en el área indígena, migrante y  en colectivos universitarios como Somos más de 131 y Somos más  43 Marista.

2015-10-20T02:52:11+00:00